“Es increíble. Todavía no lo he asimilado. Es solo adrenalina durante los últimos cuatro o cinco días. Así que seguro que en algún momento me impactará y estaré muy emocionado.”(Kevin Nee)
El amanecer en Hollywood, Florida, no trae silencio; trae promesas.
El Seminole Hard Rock Hotel & Casino, con su torre en forma de guitarra iluminada desde kilómetros de distancia, volvió a convertirse en el epicentro del póker mundial. Cada noviembre, el WPT Seminole Rock ’N’ Roll Poker Open transforma este lugar en una colmena de talento, tensión y sueños afilados. Esta vez, sin embargo, había un murmullo distinto, casi eléctrico: algo o alguien, estaba a punto de reescribir la narrativa del torneo.
No era casualidad. El Rock ’N’ Roll Poker Open no es un evento más del circuito: es, desde hace años, uno de los torneos más salvajes del calendario. Sus números lo explican por sí solos: miles de jugadores, pozos que superan fácilmente los dos o tres millones de dólares y una atmósfera donde cada mesa vibra como un escenario de rock. Aquí no se viene a especular: se viene a pelear. Los locales lo saben; los profesionales, también. Cada noviembre, este evento sirve como una especie de termómetro del nivel de agresividad que dictará el circuito del año siguiente. Este 2025, el Main Event reunió a nombres pesados, campeones del WPT, ídolos del online, grinders silenciosos y debutantes hambrientos, todos atraídos por los $3.500 del buy-in y un pozo que superó todas las expectativas, alcanzando cifras que recordaban a años pre-pandemia.
La Multitud Es Un Monstruo.
Para cualquiera, mirar alrededor durante el Día 1 es abrumador. Cientos de rostros concentrados, relojes de shot clock que parecen latir como corazones digitales, conversaciones a media voz, murmullo constante, flashes ocasionales. El aire huele a café fuerte, plástico nuevo y la electricidad natural que solo generan los grandes eventos.
Pero entre todo ese ruido, había una figura que empezaría a llamar la atención desde temprano: Kevin Nee, comenzó a aparecer en el top 20:
Kevin Nee — 185.400 fichas.
Un jugador lo miró y dijo:
—¿Quién es este tipo?
—Un creador de contenido de póker, creo —respondió otro.
—Pues está jugando como si quisiera que hablemos de él.
Y tenían razón.
Lo que para la mayoría era el final de un largo Día 1, para Kevin Nee fue la confirmación de que estaba listo para más. Terminó el día con un stack saludable.

En el Día 2, la densidad de talento aumentaba. Mirabas alrededor y podías ver rostros conocidos: un doble finalista del WPT a la derecha, un crusher de torneos online dos asientos más allá, un veterano de circuitos regionales enfrente. La música ambiental del casino no lograba disimular la tensión. Era una tensión distinta, más madura, más cerebral.
Kevin tomó asiento, saludó al dealer y apiló las fichas sin teatralidad. Relajado, sí, pero con un brillo en la mirada que delataba concentración máxima. A media tarde, cuando las pantallas volvieron a mostrar stacks actualizados, ocurrió algo que ya no podía pasarse por alto:
Kevin Nee — 864.200 fichas — Top 12 del torneo.
Ahí dejó oficialmente de ser “un jugador más que está runneando bien”.
Comenzó a ser un candidato.
Hasta que en un abrir y cerrar de ojos, se encontraba en mesa final.
Dos Filosofías Frente a Frente
Gola se inclinó un poco hacia adelante, mirando las fichas como si fueran extensiones de su propio cuerpo. Kevin, por su parte, las observaba como quien analiza un tablero de ajedrez: piezas frías, herramientas, nada más. Esa diferencia, sutil pero profunda, marcó el tono de lo que estaba por venir.

“Definitivamente me aproveché de la gente que no era tan agresiva y que estaba un poco asustada. Entré sin miedo. Luché por muchos botes y también regalé algunos. Pero al final, la lucha dio sus frutos y terminé ganando.” (Kevin Nee)
Gola abrió agresivo desde la primera mano del heads-up, confirmando que no tenía intención de alargar el encuentro. Su estrategia era clara: aplastar a Kevin con presión, obligarlo a retroceder, reducir su margen de maniobra.
Kevin, en cambio, no entró en ningún tipo de guerra emocional. No se apresuró. No se dejó seducir por el ritmo del rival. Simplemente registró el patrón de apuestas, lo almacenó, y esperó.
Fue un choque de dos ritmos: uno caótico, uno metódico. Hasta que llego la mano final.
Gola abrió la acción con K♣J♣, fiel a su estilo ofensivo. Nee pagó con A♠2♠, una mano modesta pero llena de potencial.
El flop cayó como un trueno silencioso: Q♠ – 5♠ – 7♠.
Tres espadas.
Nee conectaba el nuts con su A♠, y ahí acabo. El director del torneo confirmó lo inevitable:
Kevin Nee es el campeón del WPT Seminole Rock ’N’ Roll Poker Open.

Cuando las luces del Seminole Hard Rock comenzaron a bajar y el bullicio del público se transformó en murmullos dispersos, Kevin Nee permaneció unos segundos solo, con el trofeo entre las manos. No era simplemente el final de un torneo: era el inicio de un nuevo capítulo en su carrera.
La victoria no solo le dio un título del WPT, ni únicamente un premio económico significativo. Le otorgó algo más profundo: legitimidad.
Nee venía construyendo su nombre desde hace años, pero siempre desde un perfil bajo, casi silencioso. En este Rock ’N’ Roll Poker Open, sin embargo, explotó a la vista de todos: disciplina, calma, lectura impecable y un temple que pocos jugadores alcanzan.
Y aunque Joel Gola cayó en el último asalto, su actuación reforzó la idea de que el presente del póker está lleno de jugadores decididos a arriesgarlo todo con tal de escribir su propia historia.
Al final, lo que quedó fue la imagen de Kevin Nee levantando el trofeo, rodeado de flashes, con esa mezcla de alivio, orgullo y serenidad que solo aparece cuando un jugador sabe que su momento llegó.
El Rock ’N’ Roll Poker Open 2025 ya tiene dueño, y su nombre empieza a sonar más fuerte que nunca.








