Phil Hellmuth Mantiene Un Inicio Fuerte En 2026

“Metí la pata en la mesa final… Terminé quinto, 100% culpa mía”.(Con honestidad sobre su juego tras una mesa final reciente)

A comienzos de 2026, cuando muchos nombres históricos del póker ya han quedado relegados al recuerdo o a apariciones esporádicas, Phil Hellmuth volvió a colarse donde solo entran los jugadores que todavía pueden competir de verdad: las mesas finales.

Con 61 años, Hellmuth arrancó el año firmando dos mesas finales y tres cobros en los primeros eventos del PokerGO Tour – PGT Last Chance Series, torneos con buy-ins de $10.100 y fields cargados de jugadores activos del más alto nivel. No fue una aparición testimonial ni una invitación simbólica: fue volumen, presencia y resultados. Este inicio adquiere un peso especial cuando se mira el contexto inmediato. 2025 fue uno de los años más discretos de su carrera reciente, sin brazaletes y con resultados muy por debajo de su estándar histórico. Para muchos, aquello parecía el síntoma definitivo de un cierre competitivo. Para Hellmuth, fue simplemente una pausa antes de volver a sentarse.

Hablar de Phil Hellmuth siempre obliga a recordar el punto de partida: 17 brazaletes de la World Series of Poker, un récord absoluto que lo convierte en el jugador más ganador de la historia de la WSOP. Ningún otro nombre ha levantado tantas veces ese trofeo. Pero precisamente por eso, cada nueva aparición suya ya no se mide por el pasado, sino por una pregunta incómoda: ¿sigue siendo competitivo hoy?

Los resultados llegaron en el PokerGO Tour – PGT Last Chance Series, una serie pensada como filtro final para entrar en los eventos más importantes del circuito, con buy-ins de $10.100 y mesas plagadas de jugadores activos, jóvenes y extremadamente preparados. Hellmuth no apareció para “probar suerte”. Compitió varios torneos seguidos, alcanzando dos mesas finales y sumando tres cobros, incluyendo un 4.º puesto y un 5.º puesto, en fields donde cada error se paga caro y donde la experiencia, por sí sola, no garantiza absolutamente nada.

Lo más revelador no fue solo estar ahí, sino cómo habló de ello. Tras una de esas mesas finales, Hellmuth no se escudó en la varianza ni en la mala fortuna. Fue directo consigo mismo:

“I messed this final table up… Finished 5th, 100% my fault.”

Esa frase resume mejor que cualquier análisis externo lo que está ocurriendo. Hellmuth no se percibe como una figura ceremonial del circuito, sino como un competidor que se exige, que revisa decisiones y que entiende que, a este nivel, la autocrítica es parte del juego.

En esas mesas se cruzó con nombres habituales del high-stakes moderno: Sergio Aido, Chino Rheem y otros jugadores plenamente activos, lejos de cualquier escenario blando o nostálgico. No hubo concesiones por apellido ni por historia. Hellmuth tuvo que navegar stacks profundos, presión constante y ritmos de juego muy distintos a los que dominaron sus primeras décadas. Incluso fuera de la mesa, el contexto reforzó el momento. En uno de esos días, Hellmuth compartió protagonismo con su propio hijo, que también alcanzó una mesa final en otro evento, una coincidencia que subrayó algo más profundo: Phil sigue viviendo el póker desde dentro, no desde la grada.

El inicio de Phil Hellmuth en 2026 no cambia su lugar en la historia, pero sí redefine su lugar en el presente.

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