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Will Kassouf es expulsado y prohibido de la WSOP tras su conducta en el Main Event 2025

“Estoy aquí para jugar a mi manera. Si todos quieren quedarse en silencio… es su derecho. No tengo ningún problema con eso.” (En propias palabras de Will Kassouf)

El verano de póker de 2025 prometía otra historia intensa en la World Series of Poker (WSOP). Miles de jugadores llegaban a Las Vegas con la mezcla inevitable de nervios, ambición y concentración absoluta en el Main Event, el torneo que otorga el título mundial. Pero entre las mesas, entre cartas y fichas, una figura conocida por su estilo provocador comenzaba a destacar no por sus manos, sino por su comportamiento.

Will Kassouf, el jugador británico conocido tanto por su habilidad como por su carácter polarizante, llevaba ya varios Main Events de WSOP generando reacciones encontradas. Su forma de hablar en mesa (“speech play”), sus provocaciones y su ritmo lento, tankeo excesivo en prácticamente cada mano, estaban empezando a generar malestar no solo entre sus rivales, sino también entre espectadores y personal de torneo.  La situación escaló progresivamente: los árbitros tuvieron que imponer un shot clock reducido para Kassouf, esto significa que debía tomar decisiones en un tiempo mucho más corto que lo habitual y precisamente porque había ralentizado el juego una y otra vez.

En un escenario donde el Main Event debería ser pura tensión de cartas, la mesa con Kassouf se transformó en otra cosa: un foco de frustración, distracción y polémica.

“Definitivamente podrían haberlo manejado mucho mejor, podrían haber dado advertencias antes, penalizaciones de una mano, penalizaciones de tres manos, mientras que a mí no me dieron ninguna de esas advertencias.” (En propias palabras de Will Kassouf)

El problema no estalló de golpe.
Se fue construyendo mano a mano.

Durante el Main Event de la WSOP 2025, Will Kassouf volvió a hacer lo que ha marcado gran parte de su carrera: usar el speech play de forma constante, prolongar decisiones clave y hablar con sus rivales en momentos de máxima tensión. Hasta aquí, nada que no se hubiera visto antes. Pero esta vez, el contexto era distinto.

Los árbitros comenzaron a intervenir.

Según confirmaron medios oficiales, Kassouf recibió repetidas llamadas de atención por ralentizar el juego. El torneo avanzaba, los niveles subían, y la mesa en la que se encontraba se convertía en un cuello de botella. La WSOP tomó entonces una medida poco habitual: se le impuso un shot clock reducido, obligándolo a tomar decisiones en un tiempo estrictamente limitado. Aun así, la situación no se calmó. Las interacciones verbales continuaron. Los rivales mostraban signos visibles de incomodidad. El staff tuvo que volver a intervenir. En ese punto, según relatan las crónicas de PokerNews y PokerListings, Kassouf ya no estaba discutiendo solo con jugadores, sino también con la autoridad en mesa.

Él mismo lo explicaría después con sus propias palabras: que sentía que el trato hacia su persona era distinto, que no se le estaba advirtiendo con claridad y que las decisiones arbitrales eran inconsistentes. Pero lo cierto es que, desde la perspectiva del torneo, el comportamiento no estaba cambiando.

La WSOP empezó a aplicar penalizaciones formales. No advertencias genéricas, sino sanciones concretas dentro del reglamento. Cada intervención elevaba el nivel del conflicto y dejaba menos margen de maniobra. El Main Event no es un torneo cualquiera, y la organización lo dejó claro: el ritmo y el respeto en mesa no son negociables. La tensión alcanzó su punto máximo cuando Kassouf fue nuevamente detenido por el staff tras un intercambio verbal prolongado. En ese momento, la decisión ya no dependía de una mano más o menos. Dependía de si el torneo podía seguir tolerando una situación que estaba afectando al desarrollo normal del evento.

Y ahí, el margen se terminó.

La WSOP tomó una decisión que rara vez se ve en su escenario principal. Kassouf fue escoltado fuera del área de juego, ante la mirada de jugadores, público y prensa. El mensaje fue inmediato y contundente: el problema ya no era el estilo, era la conducta.

Lo que vino después ya no fue una sanción puntual. Fue algo mucho más grande.

La Decisión Que Marca Un Precedente

“Hay dos caras de la moneda. No se trata de que yo sea un imbécil, un capullo, un pesado o lo que sea… la razón por la que reaccioné así fue por cómo me trataban.” (En propias palabras de Will Kassouf)

La expulsión no fue el final.
Fue el principio de algo mucho más serio.

Tras ser escoltado fuera del área de juego del Main Event de la WSOP 2025, la organización actuó con rapidez. No hubo ambigüedad ni silencio prolongado. La Serie Mundial de Póker confirmó que la decisión no respondía a una mano concreta ni a un incidente aislado, sino a un comportamiento reiterado que había cruzado los límites del reglamento y del espíritu del torneo. La WSOP dejó claro que Kassouf había sido advertido en múltiples ocasiones, sancionado durante el desarrollo del evento y, aun así, no había modificado su actitud en mesa. Para la organización, el problema ya no era el speech play como herramienta estratégica, sino su uso constante para interrumpir el ritmo del torneo, incomodar a rivales y desafiar a la autoridad del staff.

Horas después, llegó la confirmación que sacudió a la comunidad:
Will Kassouf quedaba prohibido de participar en futuros eventos de la WSOP.

No se trataba de una suspensión temporal dentro del festival. Era una medida disciplinaria de mayor alcance. La WSOP, históricamente cautelosa con este tipo de sanciones, marcaba así una línea clara sobre qué comportamientos no volverían a tolerarse, incluso cuando provinieran de un jugador conocido y mediático. Kassouf, por su parte, no aceptó la decisión en silencio. En entrevistas posteriores, insistió en que no se le dieron advertencias claras desde el inicio y que su comportamiento fue una reacción al trato recibido. Negó haber actuado con mala intención y defendió que hablar en mesa forma parte del juego. Pero la postura de la organización ya estaba fijada.

La reacción no se hizo esperar.

En cuanto se confirmó la expulsión y la posterior prohibición de Will Kassouf, la comunidad del póker se dividió con rapidez, pero no con sorpresa. Jugadores profesionales, recreacionales, medios especializados y espectadores coincidían en algo: no era un caso aislado, era el desenlace de una historia que llevaba años escribiéndose. Para muchos jugadores presentes en la WSOP 2025, la decisión fue vista como un alivio. No por el nombre involucrado, sino por el mensaje. El Main Event había podido continuar sin interrupciones, sin tensiones externas y sin que el comportamiento de un solo jugador condicionara la experiencia de los demás. Para otros, especialmente quienes defienden el speech play como parte del juego, la sanción abrió un debate incómodo sobre dónde termina la estrategia y dónde empieza la falta de respeto.

La WSOP no respondió a las declaraciones con réplicas públicas ni debates. El mensaje fue institucional y definitivo: el torneo debía proteger el desarrollo del evento y a sus jugadores por encima de cualquier figura individual.

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